No formemos hijos víctimas
- 5 jun 2019
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En los años 50 y 60 hubo una mujer muy valerosa que estuvo más de 12 años prisionera injustamente en un campo de concentración ruso. Pasó hambre, humillación y perdió dos dedos de su mano izquierda por congelamiento. Al ser liberada la entrevistaron y le preguntaron sobre su situación de víctima. Un gran error. Ella grito con enojo: "¿Víctima? Claro que no soy víctima. Soy sobreviviente". ¿Cuántas veces los padres hacemos pasar como víctimas a nuestros hijos?: "Pobrecito, mi niño, la maestra le encargó mucha tarea". "El entrenador es un desgraciado, mi hijo se la pasó todo el juego en la banca". "Mi hija está muy triste porque en su salón no le tocó ninguna de sus amiguitas". "Mi hijo no tiene la culpa de golpear a su compañerito. ¿Por qué le quitó su juguete?"... Me llama mucho la atención cuando un niño se tropieza con una silla o con una pata de la mesa, la mamá en vez de dirigirse al niño para que ponga atención, se dirige a la mesa o a la silla y la regaña: "Mesa tonta. ¿Por qué tiraste a mi hijo?". ¡Cómo que mesa tonta! Es "hijo tonto, a la siguiente fíjate". Los padres tenemos una predisposición natural a culpar a los demás de lo que les pasa a nuestros hijos. No los enfrentamos a sus errores y los hacemos víctimas de lo que les rodea. La vida es difícil y, a veces, lastima. Y si no sufrimos alguna vez, entonces, no es vida. Los demás nos pueden lastimar, pero es uno el que se victimiza. Ser víctima nos puede hacer sentir bien al principio porque tendremos la compasión y empatía de los demás, pero después nos paraliza y golpea emocionalmente haciéndonos sentir débiles, inútiles e incapaces de luchar. Hace algunos años, en Estados Unidos, una familia demandó a la cadena de restaurantes McDonald's porque fueron los responsables que uno de sus hijos fuera obeso. Tratemos de no culpar a los demás o justificar a nuestro hijo cuando cometa un error o tome una mala decisión. Claro que sufrirá y sufriremos nosotros, pero será la única manera de hacerlos responsables de sus acciones y crecerán con una autoestima saludable, capaces de luchar y superar cualquier obstáculo. Hagamos ver a nuestros hijos que los problemas no son cosas que los van a lastimar sino son retos que los fortalecerán.














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